Yo ardo y no me apago,
soy la brasa que aprendió a ser faro.
Lo que quema, si lo dejás, también guía.
Ardo y no me apago,
y de la ceniza mía
armo el resto de mis días.
Camino la cuadra esta noche, la cuadra que ya no es nuestra,
un perro me ladra en la esquina como si supiera la respuesta.
El cuerpo se mueve solo, ya no me pregunta por dónde ir,
y el pulso entiende primero lo que me cuesta admitir.
Y no vuelvo, no vuelvo, no,
la vuelta ya no tiene dirección.
Lo que ardió, ardió por algo:
para separar la luz de lo que fue el carbón.
Yo ardo y no me apago,
soy la brasa que aprendió a ser faro.
Lo que quema, si lo dejás, también guía.
Ardo y no me apago,
y de la ceniza mía
armo el resto de mis días.
Tengo el cuerpo lleno de mapas de una piel que ya no toco,
renové el documento el mes pasado, cambié hasta la foto.
Respiro hondo y el aire todavía sabe a vos, un poco,
pero ya no cierro los ojos cuando me atraviesa el humo.
Y no vuelvo, no vuelvo, no,
la vuelta ya no tiene dirección.
Lo que ardió, ardió por algo:
para separar la luz de lo que fue el carbón.
Yo ardo y no me apago,
soy la brasa que aprendió a ser faro.
Lo que quema, si lo dejás, también guía.
Ardo y no me apago,
y de la ceniza mía
armo el resto de mis días.
Yo prendí la mecha, no el destino, no el karma,
la sangre entiende de fuego antes que la razón entienda de calma.
El cuerpo siempre sabe lo que la cabeza tarda,
hay cosas que se queman y hay cosas que el fuego guarda.
No sé si duele el fuego o si es la sospecha
de que la herida es la misma, con otra fecha.
No vine a que me entiendas ni a cerrar la cicatriz:
vine a mirar de frente lo que ardía dentro de mí.
Yo ardo y no me apago,
soy la brasa que aprendió a ser faro.
Lo que quema, si lo dejás, también guía.
Ardo y no me apago,
y de la ceniza mía
armo el resto de mis días.
Ardo...
y no me apago.
- © Juxlio -